11 de marzo.
Tercer Domingo de Cuaresma
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PRIMERA LECTURA
Lectura del libro del Éxodo 3, 1-8a; 13-15
En aquellos días, Moisés pastoreaba el rebaño de
su suegro Jetró, sacerdote de Madián; llevó el rebaño
trashumando por el desierto hasta llegar a Horeb, el monte de Dios. El
ángel del Señor se le apareció en una llamarada entre
las zarzas. Moisés se fijó: la zarza ardía sin consumirse.
Moisés se dijo: «Voy a acercarme a mirar este espectáculo
admirable, a ver cómo es que no se quema la zarza.»
Viendo el Señor que Moisés se acercaba a mirar, lo llamó
desde la zarza: «Moisés, Moisés.»
Respondió él: «Aquí estoy.»
Dijo Dios: «No te acerques; quítate las sandalias de los
pies, pues el sitio que pisas es terreno sagrado.» Y añadió:
«Yo soy el Dios de tus padres, el Dios de Abrahán, el Dios
de Isaac, el Dios de Jacob.» Moisés se tapó la cara,
temeroso de ver a Dios.
El Señor le dijo: «He visto la opresión de mi pueblo
en Egipto, he oído sus quejas contra los opresores, me he fijado
en sus sufrimientos. Voy a bajar a librarlos de los egipcios, a sacarlos
de esta tierra, para llevarlos a una tierra fértil y espaciosa,
tierra que mana leche y miel.»
Moisés replicó a Dios: «Mira, yo iré a los
israelitas y les diré: «El Dios de vuestros padres me ha
enviado a vosotros.» Si ellos me preguntan cómo se llama,
¿qué les respondo?»
Dios dijo a Moisés: —«Soy el que soy»; esto
dirás a los israelitas: «‘Yo soy’ me envía
a vosotros». Dios añadió: —«Esto dirás
a los israelitas: «Yahvé (El es), Dios de vuestros padres,
Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob, me envía
a vosotros. Éste es mi nombre para siempre: así me llamaréis
de generación en generación».
MO RESPONSORIAL. Salmo 102.
Antífona: El Señor es compasivo y misericordioso.
Bendice, alma mía, al Señor, y todo mi ser a su santo nombre.
Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides sus beneficios.
Él perdona todas tus culpas y cura todas tus enfermedades;
él rescata tu vida de la fosa y te colma de gracia y de ternura.
El Señor hace justicia y defiende a todos los oprimidos;
enseñó sus caminos a Moisés y sus hazañas
a los hijos de Israel.
El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en
clemencia;
como se levanta el cielo sobre la tierra, se levanta su bondad sobre sus
fieles.
SEGUNDA LECTURA
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los
Corintios 10, 1-6. 10-12
No quiero que ignoréis, hermanos, que nuestros padres estuvieron
todos bajo la nube y todos atravesaron el mar y todos fueron bautizados
en Moisés por la nube y el mar; y todos comieron el mismo alimento
espiritual; y todos bebieron la misma bebida espiritual, pues bebían
de la roca espiritual que los seguía; y la roca era Cristo. Pero
la mayoría de ellos no agradaron a Dios, pues sus cuerpos quedaron
tendidos en el desierto. Estas cosas sucedieron en figura para nosotros,
para que no codiciemos el mal como lo hicieron aquellos. No protestéis,
como protestaron algunos de ellos, y perecieron a manos del Exterminador.
Todo esto les sucedía como un ejemplo y fue escrito para escarmiento
nuestro, a quienes nos ha tocado vivir en la última de las edades.
Por lo tanto, el que se cree seguro, ¡cuidado!, no caiga.
EVANGELIO
Lectura del santo Evangelio según San Lucas 13,
1-9
En una ocasión, se presentaron algunos a contar a Jesús
lo de los galileos cuya sangre vertió Pilato con la de los sacrificios
que ofrecían. Jesús les contestó:
—«¿Pensáis que esos galileos eran más
pecadores que los demás galileos, porque acabaron así? Os
digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis lo
mismo. Y aquellos dieciocho que murieron aplastados por la torre de Siloé,
¿pensáis que eran más culpables que los demás
habitantes de Jerusalén? Os digo que no; y, si no os convertís,
todos pereceréis de la misma manera.»
Y les dijo esta parábola:
—«Uno tenía una higuera plantada en su viña,
y fue a buscar fruto en ella, y no lo encontró.
Dijo entonces al viñador: «Ya ves: tres años llevo
viniendo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro. Córtala.
¿Para qué va a ocupar terreno en balde?»
Pero el viñador contestó: «Señor, déjala
todavía este año; yo cavaré alrededor y le echaré
estiércol, a ver si da fruto. Si no, la cortas».
Comentario a la Palabra
Zarza que arde sin consumirse
“Torre se derrumba en Siloé. 18 muertos”. “Sangrienta
represión. Tras la masacre, Pilatos se burla de la sangre derramada”.
Jesús comenta los titulares de la jornada, y no son buenas noticias.
Con breves pinceladas, el evangelista traslada al lector el sentimiento
de agobio que reinaba en la sociedad judía de aquel tiempo. La
presencia aplastante del mal en todas las esferas: en la política,
en las relaciones familiares, en las instituciones religiosas,... hasta
los edificios se derrumban llevándose por delante a inocentes:
el caso Carmel en la Palestina del siglo I.
Cristo no le quita hierro al asunto ni echa la culpa sólo a la
brutalidad de los romanos o a la avaricia de los promotores que utilizan
deficientes materiales de construcción. Les dice que, de un modo
u otro, todos participamos de este mal que parece embadurnar todo.
*-*-*-*-*-*
La situación de Moisés, en la primera lectura, no es menos
oscura. No está en el desierto de turismo rural. Ha tenido que
huir tras matar a un hombre, un egipcio que estaba maltratando a un compatriota
judío. Lejos de arreglar las cosas con este gesto de ira, se acarrea
el rechazo de los suyos, a los que creía proteger: “¿Piensas
asesinarme como asesinaste al egipcio?” – le dice uno de los
esclavos hebreos, cuando Moisés trataba de mediar en una pelea.
Moisés tiene que huir al desierto, lejos de la ley y de una sociedad
que se ha vuelto enemiga. El que había sido educado como un príncipe
se gana ahora la vida como pastor de ovejas. Pasa mucho tiempo solo, nomadeando
con el rebaño de su suegro, hasta llegar al Horeb. Aún no
sabe que ha entrado en la montaña de Dios.
Sobrecoge de este relato la simplicidad de las palabras del encuentro
con el Dios que le llama desde la zarza:
WAYÓMER MOSHÉ MOSHÉ
WAYÓMER HINNENI
(Y-dijo: Moisés, Moisés.
Y-dijo: Aquí-estoy)
La economía de la narración realza lo simple y trascendental
de aquel encuentro entre Dios y un ser humano. En el silencio del desierto,
Moisés escucha sencillamente su nombre.
Y todo cambia, no sólo para esta persona, Moisés, sino
para su pueblo, Israel. Es más, no sería exagerado decir
que estamos ante uno de los puntos de inflexión en la Historia
de la Humanidad.
En el diálogo que sigue al “Moisés” de Dios
y al “Hinneni” (Heme aquí) del hombre, se revela el
nombre divino, YHWH, tradicionalmente escrito así, sin vocales,
pues no debe ser pronunciado, por respeto. El pasaje nos revela el significado
secreto de estas cuatro letras: “Es” o aún mejor en
español: “Está”. Dios es aquel que “está”.
El Invisible no dice mucho acerca de sí, su respuesta tiene algo
de elusivo, pero lo que revela basta. “Yo estoy contigo”,
“Te acompaño”, “Estoy ahí”. El Dios
que guió a Abrahán, Isaac y Jacob afirma estar ahora al
lado de Moisés y de su pueblo de esclavos.
El “Yo estoy” de Dios no es el enunciado de un “ser”
trascendente y puro alejado del mundo, sino la revelación de un
Dios que está con los humanos que sufren situaciones de injusticia
social.
Las feministas norteamericanas acuñaron el slogan “personal
is political”. Las situaciones de opresión que sufren muchas
mujeres no son sólo un “asunto personal” algo privado
que le pasa a una persona desdichada. Son fruto de una estructura social
perversa que requiere para su solución también de medidas
políticas.
Dios se acerca a Moisés, el hijo de un esclavo educado por accidente
como un príncipe, un fugitivo que se gana la vida como pastor,
en mitad de un inmenso desierto. Dios sabe que el problema de Moisés
no es sólo “personal”. Al tocar su corazón,
se pone en marcha un proceso de liberación que afectará
a todo un pueblo y a través de la Historia inspirará a incontables
hombres y mujeres en busca de liberación.
*-*-*-*-*-*
Jesús ha estado bregando durante tres años, ha recorrido
las aldeas de Galilea con su Buena Noticia y sus curaciones, pero los
resultados han sido escasos, la higuera, símbolo de Israel, sigue
sin dar fruto. El mal aparece campante, como siempre, y lo que es peor,
parece contar con nuestra complicidad.
El cinismo es un tumor del mal en el corazón humano: “¿Qué
más da? Si todos son unos farsantes. ¿Tú qué
te crees? ¿Que vas a cambiar el mundo?”
El mal se hace fuerte en la desesperanza, que a veces se presenta bajo
el ropaje de un pesimismo intelectual y cultivado. ¿Cuál
es la diferencia entre una persona sabia y una resabiada?
Un año más. Le pide el campesino al terrateniente impaciente
por los frutos de la higuera. Pero no un año sin más, sino
un tiempo de especiales cuidados, con ración extra de fertilizante.
Este “año extra” es una metáfora de la Cuaresma.
Se nos pide una atención especial porque Cristo va a hacer un esfuerzo
especial para nutrirnos, para que podamos restablecernos en lo que es
más nuestro: nuestra capacidad de dar fruto, de hacer el bien.
Decimos de quien tiene una resistencia increíble, de alguien que
lo intenta una y otra vez a pesar de los reveses, que es un “incombustible”.
Dios es “incombustible” afirma el libro del Éxodo,
en provocarnos a reconectar con esa bondad que duerme en cada uno.
Y somos invitados a asombrarnos ante la zarza que arde sin consumirse,
Dios que se hace presente en nuestros desiertos. Él nos llama por
nuestro nombre.
Y sin negar la realidad del mal, presente incluso en nuestro interior,
Jesús hace la defensa de la higuera que no ha dado fruto.
Este va a ser el año.
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