Acoger y Compartir Encuentro intercultural Niger 2003- Informe
 

Encuentro Intercultural Niger 2003: Informe

En Níger, hay toda una cultura entorno al saludo. Allí por donde hemos pasado, personas conocidas y desconocidas han salido a nuestro encuentro para expresarnos su acogida: en la calle, en la carretera, en los campos.... Se despliega entonces un rico repertorio de fórmulas y gestos. Un saludo aquí no es el prólogo de un negocio o una transacción. Saludan por el gusto de saludar, expresando el gozo del encuentro entre personas.

Más allá de esta primera impresión, los viajeros de AyC hemos constatado que durante estos últimos años se han ido creando lazos entre nuestra plataforma y las personas que trabajan en las misiones y proyectos con los que hemos colaborado. Ellos saben que, en un país llamado España, hay personas y comunidades con los que comparten con ellos esperanza y afecto.

Los cristianos en Níger son una pequeña minoría en un país mayoritariamente musulmán -unos pocos miles entre diez millones de habitantes-. Sin embargo, su presencia es luz en la sociedad. Esta presencia está marcada por la búsqueda permanente de servicio a los más pobres, sin distinción de etnia ni religión. En contraste con lo que sucede en otros países, el respeto entre musulmanes y cristianos es patente. Nosotros mismos hemos podido apreciar la gran estima de que gozan los cristianos en el país.
Las comunidades cristianas son pequeñas (a veces unas pocas decenas de personas y en algunos casos, sólo tres o cuatro), y muy dispersas en un territorio que es dos veces y medio España. Quizás por ello, su sentido de la fraternidad es profundo: se visitan en caso de enfermedad, se ofrecen hospitalidad mutua y, sobre todo, se conocen y se ayudan. Muchos de los que forman estas comunidades han accedido al bautismo tras un largo catecumenado, de varios años. Un criterio para ser admitido es la transformación de las relaciones familiares, especialmente en el respeto a la mujer.

Níger es el segundo país más pobre de la tierra según el Índice de Desarrollo Humano, elaborado por el Programa de Desarrollo de las Naciones Unidas. Se estima que el 90% de su población vive de la agricultura y ganadería de subsistencia. El cultivo principal, el mijo, depende totalmente de una imprevisible estación de lluvias. Las sequías periódicas asolan el país, desatando la hambruna. En amplias áreas rurales no hay electricidad ni agua en las casas, tampoco existe la posibilidad de escolarizar a los niños. La tasa de analfabetismo alcanza el 70%.

Hemos podido compartir estos días con un grupo de hombres y mujeres que luchan cada día por romper el fatalismo que imponen las circunstancias y la cultura. Están sembrando un futuro diferente y son signo claro de que otro mundo es posible.
Quisiéramos llevar hasta vosotros los rostros de gente como Iliasu, ingeniero musulmán que trabaja en la mejora de la producción agrícola o Hawa, su mujer cristiana, que está desarrollando desde hace varios meses un trabajo voluntario de promoción de las mujeres en los poblados del entorno de Gwazale, y que en poco tiempo se ha convertido en una referencia para todas las mujeres de esa zona.

O de Emmanuel, sacerdote congolés, responsable de la misión de Zinder. Cuando le visitamos, hacía solo dos meses que había perdido a doce miembros de su familia en una matanza en su país. Un hombre, que sin dejarse paralizar por el sufrimiento, acompaña a una comunidad que atiende a los leprosos, que recorre los poblados ofreciendo asistencia sanitaria, una Iglesia que busca permanentemente servir a los más pobres.

A lo largo de estos días, hemos disfrutado de la cercanía y de la alegría de este pueblo, pero hemos percibido también el sufrimiento permanente en el que vive. Si hemos hecho este viaje, no ha sido para controlar la gestión de los proyectos que hemos apoyado, sino para compartir los pasos que se van dando, la vida, el gozo, el sufrimiento y la esperanza. Descubrimos cómo unos y otros salimos fortalecidos, humanizados, cuando, en cada lugar, recibimos el saludo de muchas personas a las que no conocíamos y que nos reciben como huéspedes, recuperando la ilusión del encuentro con las personas. Constatamos que éste no es un tercer mundo, sino nuestro mundo, porque quienes lo habitan son seres humanos iguales que nosotros.

Los proyectos de otros años

Hemos visitado el banco nutricional de Gwazale (Proyecto AyC 2000-2001), en una zona rural cercano a la ciudad de Maradi. Al preverse este año una buena cosecha, se espera poder llenarlo con el mijo aportado por los propios agricultores, lo que garantizaría la alimentación para una temporada. Un paso importante está siendo la puesta en marcha de un pequeño molino, que aligera el trabajo de las mujeres, cuya jornada laboral empieza en casa con la molienda del mijo a las tres de la madrugada y continúa en el campo al despuntar el sol. La incorporación de Hawa al proyecto ha facilitado un impulso del trabajo de sensibilización y organización de las mujeres, posibilitando la prevención de la malnutrición.

En Bermó se encuentran las escuelas para los niños de los nómadas Peul, cuyo equipamiento fue el Proyecto AyC del curso 2001-2002. Bermó es hoy un pequeño puesto administrativo, lugar de interacción entre nómadas y sedentarios, el último lugar permanentemente habitado a las puertas del inmenso Sahara. Allí hay tres religiosas y un grupo de enfermeros que atiende un dispensario al que acuden Peuls y Tuareg, aquejados de diversas enfermedades. Las escuelas estaban cerradas cuando llegamos. Los Peuls se hallaban muy al norte, con sus rebaños. Las abundantes lluvias de este año habían hecho reverdecer el desierto tan al norte como Agadez.

En Kara-kara (Proyecto AyC 2002-2003), barrio de leprosos situado a las afueras de Zinder, las religiosas de la Asunción han ido desarrollando poco a poco, y sin grandes medios, un trabajo de promoción integral de las personas del barrio. Impresiona ver sus calles limpias, las casas construidas con dignidad, la gestión comunitaria del agua por las mujeres del barrio, el dispensario y la escuela. La responsabilidad del dispensario y de la escuela la comparten las religiosas y las/os jóvenes del barrio que han ido formándose para ello. Entre ellas se encuentra Adèle, que fue beneficiaria de la beca de formación del año. Con esta beca, facilitada por AyC, realizará durante tres años los estudios de Enfermería. El proyecto 2002-2003 incluyó, además, un programa nutricional que recupera a los niños malnutridos y que forma a las madres para que alimenten correctamente a sus hijos. Hemos visto cómo funcionaba este modesto pero eficaz programa y conversado con sus monitores.

El dinero del curso 2002-2003 se estiró hasta permitir la adquisición de un vehículo todoterreno de segunda mano para el dispensario de Zinder. Con este vehículo, el dispensario ensancha su radio de acción y pronto comenzará a desarrollar programas sanitarios y nutricionales en los pueblos del entorno. Hasta ahora, nadie se había acercado a estos lugares para interesarse por la situación de sus gentes.

Ver el Proyecto Níger 2003-2004: Construcción de una consulta médica y su farmacia

 
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16 Enero, 2006
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